Hacía mucho tiempo que no me dejaba caer por éste restaurante, 4 o 5 años, creo. Y la verdad es que el recuerdo que aquella última visita me dejó, no fue especialmente bueno, de ahí, el margen de tiempo. Pero no mentiré, no mentiré si digo que quedé sorprendido, fascinado, porque aunque tuve que hacer alguna foto, hice lo que el maitre me rogó, disfrutar de la cena. He de decir, que han cambiado mucho las cosas en éste restaurante, y sobre todo…..la cocina, rotundamente, me encontré con un equilibrio gastronómico propio de restaurante con estrellas, aunque no les haga falta ningún tipo de estrella, ya que para hacer las cosas bien no hace falta reconocimiento alguno, el equipo de la Granada habla por sí sólo.

Cenamos 2 personas el día 1 de Octubre, con reserva, restaurante prácticamente lleno, ambiente cálido, apaciguado. Nada más entrar nos encontramos con una cesta llena de setas de temporada y en otra con unos tomates también de temporada, pero vaya tomates……

No esperamos apenas unos minutos, nos mostraron la carta, muy de temporada, variada y con precios muy interesantes. Nos inclinamos por un menú “carta cerrada”, que nos pareció muy interesante, 32 €+ 8% I.V.A, con bodega incluída. Consta de varios platos a elegir, de un primero, segundo y postre. Vamos con las fotos,

La bodega, Edra 2005 (Ayerbe, Hoya de Huesca), 60% merlot/ 35% syrah/ 5% cabernet de sauvignon. Especialmente bueno.

Comenzamos con un aperitivo en copa muy de temporada y muy equilibrado.

Crema de setas con aceite de caramelo, crujientes de pan y cebolla caramelizada.

El maitre nos ofreció la posibilidad de compartir los entrantes en medias raciones, detalle que aceptamos.

Salmorejo con su huevo poché, pan de pimentón y láminas de jamón.

Debo destacar la perfección que éste salmorejo rozaba, cuando hace tiempo que no disfrutas de un plato de éste tipo, lo mejor es que esté insuperable, lo estaba.

Después pasamos al segundo entrante.

Tataki de atún con helado de fresas, cítricos, almendrucos y melaza de melón y cebolla.

Plato espectacular, fiesta de sabores, desde la textura y sabor del atún, pasando por el magnífico helado de fresas y culminando con el contraste tan acertado de sabores, espectacular.

Pasamos a los segundos:

Lubina negra a la plancha con berenjena, aire de parmesano y cebolletas glaseadas.

A destacar el excelente punto de cocción del pescado, algo muy importante. Sutil la mezcla de berenjena con las cebolletas.

La carne:

Chuleta de Ávila con crema de patatas y setas de temporada.

Con un toque que recordaba al de nuestra abuela, la crema espesa de patatas acompañaba perfectamente a una carne, que a priori no parecía estar muy tierna, pero el sabor lo tapaba todo. Las setas como siempre, buen acompañamiento, pero lo mejor, de temporada.

Aunque ya estábamos bastante satisfechos, aún quedaba sitio para los postres.

Uno de ellos,

Yogur, pepino y limón.

Bueno, éste postre me llamó la atención, normalmente los platos que no explican mucho en la carta me llaman la atención. Muy buena elección, destacando el helado, que entre otras cosas estaba hecho con manzana verde, limón y albahaca, la verdad, buenísimo. El “brazo de gitano” que veis en la foto era una mousse de yogur con una gelatina de pepino que la envuelve.

El otro postre,

Jugo de cacao, piedras de yogur y helado de almendra amarga.

Dejándonos llevar por los consejos del maitre, elegimos éste postre, digno de cualquier amante al chocolate y a lo dulce. Digamos que el jugo de cacao estaba perfecto, las piedras de yogur le daban el toque crujiente de galleta que el postre necesitaba, y sobre todo, el helado de almendra amarga, equilibraba el conjunto. Muy bueno.

Destaco también la amplia variedad de panes, todos ellos de elaboración propia, muy a tener en cuenta.

Probamos el de tomate,

y el de aceite,

Cualquiera de los dos estaban realmente buenos.

RESUMEN:

  • Cocina equilibrada sin sobresaltos pero con toques sorprendentes y muy mimada.
  • Servicio muy atento y correcto pero sin atosigamiento.
  • Relación calidad/precio, magnífico
  • Cubertería, mantelería, vajilla, etc, muy a la altura
  • Lugar cálido pero con mejoras.

Es un restaurante que os recomiendo, sin duda alguna, por su buen hacer en la cocina y en la sala. Está presente la mano de Carmelo Bosque, reconocido personaje gastronómico en diferentes ámbitos, pero sobre todo en su saber culinario y en su constante apuesta por el producto autóctono.

Pude hablar con él al finalizar la cena, se acercó a nuestra mesa, y sobre todo se alegró de que nuestro paso por su casa fuese el que le hicimos saber, espléndido.

Me gustaría aclarar que éste tipo de críticas o recomendaciones, las hago porque me da la gana, y están libres de influencias provenientes de cualquier tipo, ámbito, personas o empresas.

Hasta pronto.