Después de leer una entrevista de éste tipo, Paul Roberts, periodista estadounidense, autor de el libro “El hambre que viene“, uno puede preguntarse que carajo está pasando con el hambre en el mundo, la malnutrición y por la otra cara, la obesidad, la hipernutrición y todo eso. La entrevista es breve, pero contundente. Decía que existen tantas personas mal alimentadas por exceso como por defecto, hablaba de simetría. Y claro, uno desde aquí, desde su ordenador, con cientos de fotos en las cuales el protagonista no es una persona precisamente, sino una infinidad de productos comestibles bárbara, esperando a ser mostradas en un medio como éste, pues claro, uno se siente mal. Y si lo piensas, él pone como ejemplo, que si a un ciudadano medio le preguntas que piensa de la comida, verás que su preocupación consiste en cómo tiene que hacer para no comer demasiado. Decía también, que el cuerpo humano está diseñado para comer todo lo que pueda, no al revés.”En la época prehistórica no había ningún riesgo de comer en exceso porque no había bufé“. Me asusta pensar, lo que seremos capaces de gastar en las próximas fechas, incluido yo. Si sabemos que en occidente nos gastamos mucho más dinero en dietas para adelgazar del que nos gastamos en ayuda alimentaria para el Tercer Mundo, en época de alegría como la que se avecina, creo que no tenemos ni idea de lo que seremos capaces de despilfarrar (aún con la crisis).

Es duro reflexionar sobre éste tema, cuando el que reflexiona se dedica al mundo de la gastronomía, que aunque parezca que guardan similitud, la gastronomía y el hambre son como el chapapote al mar. Pero existe un dato en la entrevista que me alegra y me salpica a la vez, como un primer paso, plantea una solución, aprender a cocinar, aunque sólo sea un par de veces a la semana, explicando así que si todo el mundo lo hiciera, agitaríamos todo el sistema. Los primeros en notarlo serían las empresas dedicadas a la comida preparada. En los tiempos que corren, hablar de cocinar es hablar de disponer de tiempo, de ocio, de evadir los problemas, vaya, que el que lo puede hacer debe sentirse afortunado. Bastante lamentable, como también lo es, encontrar un pan medianamente decente, una carne que sepa a carne o una leche que  no contenga más vitaminas o calcio que el que tiene, porque todo lo demás es puro marketing. Los que estamos en ésto, sabemos que para encontrar una buena materia prima o la pagamos con creces o es porque nos encontramos en uno de esos entornos rurales de los que ya cuesta encontrar, y podemos disponer del pan del panadero de siempre o la leche de la vaquería, aunque ya todo industrializado, nos evitamos el intermediario y las artimañas del marketing.

Del tal Paul Roberts éste, creo que aunque muchos lo tachen de apocalíptico, pido un voto a favor, cuando nos habla de conciencia, que por norma general ni nos queremos acordar qué significa ésta palabra, nos plantea algo, que como ya dije antes, me alegra, aprender a cocinar. Si éste tipo, que tras años de investigaciones sobre la industria alimentaria mundial, llegando a conclusiones que afectan a la salud debido a los nuevos virus, pasando por la futura escasez de agua y petróleo y mucho más, nos dice que nosotros como consumidores, podemos y debemos dar el primer paso, pues a lo mejor lo hacemos. Pero claro, el primer paso sería reconocer como consumidores que somos, que hemos renunciado a casi todo el control de nuestro suministro alimentario. Vale, lo hacemos porque no nos va a costar dinero ni esfuerzo, pero la solución que plantea, oye, no está nada mal, que todos aprendamos a cocinar aunque sólo sea un poco. Da la casualidad que yo imparto cursos a mucha gente joven, y que ésa gente viene a los cursos a aprender a cocinar, que de entrada no está nada mal, pero si pienso que ésta gente joven que quiere aprender a cocinar y a comer mejor, no sabe hacer una tortilla de patatas, que será de el que ni se plantea recibir unas pequeñas lecciones culinarias, así va el fast food.

Lo considero un tema que sobre todo a las nuevas generaciones, ahí me incluyo yo, nos importa mucho, ¿en qué se convertirá la comida dentro de 25 años?, calificando de retorcida la economía de la alimentación, reitero lo antes expuesto y animo a todo aquél que le guste cocinar, comer bien, que cocine, que rehogue, que sofría, que ase, y que haga todo lo que hacían las madres y las abuelas, no podemos perder lo que más recuerdos nos puede hacer llegar a la mente a través del paladar.

Confiando que el hambre y las hamburguesas no sigan compartiendo mantel, habrá que cocinar.