Hoy leo multitud de comentarios de noticias de la ley antitabaco, y aún me aferro más a la idea de que es un tema complejo. Complejo sí, porque ya no hablamos de un tema en el que la moral juegue un papel tan importante como por ejemplo en el caso del aborto, o muchos otros temas donde la base de lo fundamental del problema es eso la moralidad. Cuando hablamos de la ley antitabaco, hablamos de política, de salud, de economía, es decir, de muchos intereses y todos ellos muy necesarios. La Constitución contempla en el articulo 43 .1 Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones necesarias.

Ese es el mayor problema, se lo deja a los poderes públicos, quién sino. No creo que debamos declinarnos por ideologías partidistas, partidos en sí o personajes políticos. Hay que decir que escribo esto disfrutando de un pequeño purito hecho con tabaco dominicano, y que en ningún momento pienso analizar esto desde mi punto de vista como fumador ocasional y amante del buen tabaco.

El problema no es si nos gusta fumar o que nos fumen, por norma general, estamos acostumbrados a escuchar infinidad de comentarios y todos ellos son a favor o en contra. Abogo por una posición más parcial, más justa.

Yo he vivido en mis carnes, el fumar constantemente en una cocina (algo que no es muy aconsejable), y también he visto como un buen restaurante con una buena cava de puros era habilitada como almacén de aguardientes y licores (una pena si analizamos que también se pierde un pedazo de cultura, historia, costumbres).

Tengo mucha relación con gente del mundo del tabaco, y es un sector muy tocado. Un sector que ha pasado del crecimiento a la supervivencia. Y aunque el vicio es muy duro y resistente, existe porque está en la tienda y mueve mucho dinero, así pues interesa. No me entra, digo en la cabeza, el pensar que quién lo vende, también lo prohíbe, no me entra, algo no funciona es de lógica. Me pregunto si el personaje político que se aventuró a hacer unas declaraciones, a favor de prohibir el tabaco, las hubiese hecho estando en el gobierno. Pero me juego el fumar a que el partido que gobierna hubiese hecho lo mismo, es decir que todo lleva  a lo mismo, partidismo. Y como dependemos de ello, ya podemos prepararnos para que nos vuelvan locos unos y otros.

Pero mientras tanto, el dueño del bar, del estanco o del restaurante, pagan las consecuencias. Habilitar zonas de fumadores, no lo entiendo si ahora se prohíbe fumar tajantemente en todo lugar público. Está claro que estos señores también deben aportar soluciones.

¿Y si los costes ocasionados corriesen por cuenta del gobierno (me refiero a las reformas) o por cuenta de las grandes multinacionales del tabaco?………….ya sabemos lo que pasaría. No podemos hacer cambiar las costumbres creadas en este país de la noche a la mañana, en el cual se fuma mucho,  y encima que corra por cuenta del que tiene que pagar seguros sociales, alquileres, salarios y otros menesteres.

No puedo entender, el que aprueba una ley antitabaco, donde el espacio público donde se puede fumar, obliga al camarero que nos sirve la cerveza acompañada con un buen cigarrillo, a fumar, fume o no, no lo puedo entender. Cómo piensan arreglar esto, si el hábito, la costumbre, nos la han proporcionado ellos, ganando mucha pasta además. Cómo lo piensan arreglar si fueron ellos los que vendieron al tipo duro, en el rancho, con un cigarrillo en la boca sobre un caballo gritando yeaa!!. Después se dieron cuenta, gastaban más en sanidad curando el mal vendido que lo que recaudaban las arcas del estado. De repente queremos ser europeos, pero sin un puto euro. Soy el primer defensor del espacio sin humo para el no fumador. También soy el primer defensor del fumador. Y también soy el primer defensor de la gente que vive o que depende de despachar o dejar consumir en su negocio.Esto no es un cambio de la super a la sin plomo. Aquí se ven envueltas demasiadas PYMES.

Creo que alguien sigue ganando mucho dinero con esto, y que llegado el momento se lava las manos. He visto como se hace un cigarro puro, es todo un arte, y también he visto pulmones afectados por el tabaco, no es muy bonito. Pero ellos lo han puesto en las calles, en los bares, en casa, ellos. Si pensamos en la forma de acabar con las drogas ilegales, sólo cabe pensar en que no dejasen dinero, que dejasen de ser rentables, entonces sería rotundo, el mono digo, el que de repente pasaría el X por ciento de la población. Porque en sí, las drogas ilegales dependen del dinero. Nuestro hábito de fumar depende de los partidos políticos y del dinero, ya la hemos jodido aún más, porque aparte de seguir vendiéndonos el tabaco, nos van a volver loc@s.

Debemos pues dar la vuelta al título de ésta crónica, y más que a fumar….a la calle, tendría que ser a fumar.. y muchos a la calle.

Me encantaría ver al principal causante e inductor de el hábito en cuestión, como se responsabiliza de tal error, porque si bien nadie obliga a nadie a fumar, lo que ellos introdujeron o dejaron entrar, era y es una droga con mucho poder adictivo, así pues, y desde aquí, a muchos nos gustaría que de una vez por todas, dejaran de eludir responsabilidades tan serias como las consecuencias creadas hacia la salud y el bienestar público. De la misma forma, hablamos de una droga, una droga a la que muchos de españoles saludan a diario, y de la que es muy difícil apartarse, ellos que aprobaron y que ahora prohíben, que lo hagan, pero con raciocinio y sentido común.

Termino con el título que encabeza ésta crónica, a fumar…..a la calle, porque los que fumen, tendrán que salir a la calle, pero si hablamos de atentar contra la salud, en la calle también se contamina y no sólo con humo de tabaco, el aire que respiramos de tod@s es sabido que es bastante nocivo, estarán dispuestos pues a obligar a lasgrandes multinacionales automovilísticas y a la industria a dejar de emitir gases nocivos, y además a acarrear con todos los gastos……..no,… esos no son estanqueros, ni tienen bares ni restaurantes. De ésta manera, el que salga a la calle a fumar, le va a tocar emprender una lucha como la que ha llevado el no fumador. Esperemos pues que no se salga sólo a fumar, sino también a exigir lo que es justo, por muy caro y difícil que parezca.